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LLegando al Monasterio de Stravronikita
ATHOS: CUANDO CORRER PUEDE SER ALGO CASI SAGRADO
21 noviembre 2016

Pocas veces he podido vivir una experiencia tan completa a través del deporte de correr:  el deporte, los paisajes, el compañerismo son sensaciones habituales y muy placenteras de esta actividad; pero sumarle la oportunidad de descubrir uno de los territorios más desconocidos y auténticos de Europa, y empaparse de una cultura, unos monumentos y una espiritualidad viva, ancestral y muy poco común en nuestra sociedad, han convertido esta travesía a la Península del Monte Athos en un acontecimiento sublime, casi, y nunca mejor dicho, sagrado.

En los países del Este, en Grecia, Turquía y bastantes países del medio oriente, dónde la religión ortodoxa está muy presente, se conoce muy bien el Mt.Athos y su sacralidad; pero se conoce poco Lourdes, el Camino de Santiago, u otros símbolos cruciales de la religión dominante en nuestras tierras. Y aquí nos pasa lo contrario: seamos o no religiosos, tenemos todos muy claros los lugares clave de la religión católica, pero la inmensa mayoría de gente no tiene ni idea de que en la misma Unión Europea, hay un territorio de 335Km2 (aproximadamente la mitad que la isla de Menorca), dónde sólo viven monjes, no pueden entrar las mujeres, y se rigen por unas normas autónomas nada comunes en el resto de Europa o, incluso, en el propio tratado de Schengen (de libre circulación de personas)

Nuestro grupo de Adventure Running, en esta ocasión compuesto por 6 compañeros (Carles Portavella, Quim Tribó, Jordi Vila, Jose Arimany, Albert Gaspa y un servidor), entendemos que correr da por mucho más que hacer un poco de salud al lado de casa, o participar en carreras totalmente organizadas; y de forma combinada con estas modalidades, se pueden vivir otras dimensiones mucho más enriquecedoras y experimentales. Por ello estamos enganchados a hacer travesías dónde el deporte del correr es el medio de transporte, y no el fin en sí mismo, porque el objetivo es poder viajar de forma autónoma, ligera, en total contacto con la naturaleza mediante la actividad más básica del hombre (a pie), a la vez que podemos descubrir lugares muy especiales de nuestra geografía. Bajo esta fórmula, con unos u otros amigos, ya he hecho bastantes viajes de running no competitivo, tanto en entornos próximos (Pirineos, Puertos de Beceite, Sierra de Cabrera/Tavertet, Montañas de Prades, Picos de Europa), cómo en otros países (Travesía de Inglaterra, Lapónia Sueca, Tour del Mont Blanc).

Cuando tuvimos conocimiento de este lugar tan especial, en seguida nos pusimos en marcha para organizar nuestro siguiente objetivo.

Hicimos una solicitud para poder acceder a la Península como "No ortodoxos", pues al sólo accederse por mar, sólo dejan desembarcar a quien ha sido aceptado/invitado por la comunidad de monjes, y esto máximo puede ser para 100 peregrinos ortodoxos y 10 no ortodoxos al día. Una vez nos notificaron la aceptación y nos asignaron unas fechas, informándonos de los requisitos básicos para poder estar un máximo de 3 noches/4días, nuestro pequeño pero ilusionante proyecto se puso en marcha.

A parte de las típicas necesidades de preparación y material de cualquier otra travesía autónoma corriendo, aquí debíamos tener en cuenta algunas peculiaridades más concretas:

Normas de vestuario: no podíamos correr con pantalón corto porque toda la península se considera sagrada y requiere un respeto y un decoro en el vestir. De hecho, para estar en los monasterios, los pantalones tienen que ser anchos, y ello nos obligaba a cambiarnos las mallas de correr una vez hacíamos vida allí. Tampoco se puede ir con los pies desnudos en caso de llevar chanclas, dentro o fuera del monasterio. Y tampoco se puede ir por dentro de los pasillos de los dormitorios sin una vestimenta completa y enseñando alguna parte del cuerpo más allá de los brazos o la cara. Como las habitaciones acostumbraban a ser compartidas, esta era una norma muy exigente para nuestras costumbres, que no tienen nunca en cuenta como uno se levanta de la cama para ir al lavabo a hacer pis, o cómo se prepara para ir a la ducha. En la primera distracción, nos cayó una buena bronca por este motivo, y ya nunca más se nos ocurrió movernos ligeros de ropa hasta la ducha o el servicio. Con todo, a pesar de ir bien adaptados a la normativa de vestuario de Athos, hay que reconocer que con nuestros modelitos de "running" dábamos la nota, y al pasar por cualquier lugar con monjes o peregrinos presentes, cantábamos cómo una almeja... estábamos en un lugar exótico para nosotros, per la nota exótica de allí, para ellos, éramos nosotros y nuestras pintas.

No hace falta dinero: vivir en los monasterios es completamente gratis. Sólo se tiene que reservar, y a partir de allí, una vez se entra en la Península, el dinero ya no es necesario para nada. No hay bares, no hay restaurantes, no hay tiendas, y no hay nada que invite al consumo más allá de algunos recuerdos religiosos en algún monasterio. Creo que es muy difícil hacer un viaje más barato. Dejando de lado el vuelo Low Cost hasta Tesalónica, y el transporte hasta el puerto de salida en Oraunopoli, no hay ningún gasto más.

Horarios estrictos: aquí no vale organizar nuestra ruta según nos interese y luego ir al restaurante cuando nos vaya bien. En los monasterios dan sólo dos comidas al día; una por la mañana para desayunar/comer, y otra por la tarde para comer/cenar. Cuando uno llega al recinto dónde tiene que pasar la noche, es muy bien recibido por un monje que normalmente habla inglés, y después de llenar el libro de visitas y disfrutar de su ofrecimiento de bienvenida consistente en un vaso de agua, unas golosinas suyas artesanas, y un vaso de aguardiente también producida por ellos, es informado de la normativa específica del monasterio, y de los horarios de comidas y servicios. La palabra "servicio" es muy importante aquí, pues equivale a "servicio religioso" en sus distintas formas, o "misa", o "plegaria", y es al fin y al cabo, lo más importante que se va a hacer allí, y el sentido de todo para los aproximadamente 1.400 monjes que habitan Athos.

El primer día nos quedamos pasmados, pues corrimos mucho para llegar a las 15h, hora del "servicio", pensando que se trataba de la comida, y después de la recepción, nos dijeron que a las 15h empezaba el "servicio" de misa de unas dos horas en el cual nos esperaban, y que después pasaríamos todos a comer, para continuar con otro "servicio" de aproximadamente otra hora, seguido de un tiempo libre o descanso y conversación, que llevaría a cerrar las puertas del monasterio a las 18h30. Luego todos a dormir, y a las 4h30 de la mañana, empezaba de nuevo otro "servicio", al que también deberíamos asistir, pero que entendían que como "no ortodoxos", podíamos ir un poco más tarde, y no se mostrarían estrictos. Después del servicio de la mañana, hacia las 9h30 (esto son 5 horas de rezar, ¡eh!), pasaríamos todos a comer otra vez, y luego podríamos continuar nuestro camino.

Lo primero que tuvimos que negociar es el tema del "servicio" y comida de la mañana, pues nos era imposible salir del monasterio tan tarde si queríamos recorrer la ruta que teníamos prevista. Por suerte, los monjes siempre eran comprensibles con nuestro requerimiento, a pesar de que no entendían que no aprovechásemos las plegarias y la rutina de un lugar sagrado como aquel. Ellos no cambiarían nada por nosotros, y saldríamos a las 6 o 7 de la mañana, para empezar nuestra ruta, y luego ya pararíamos a desayunar en algún lugar bien inspirador al cabo de unas dos horas.  Por si acaso, ya habíamos previsto llevar un hornillo y comida liofilizada.

Así pues, por la mañana hacíamos nuestro plan, y por la tarde siempre seguíamos la vida del monasterio. Llegar, cambiarnos y asearnos un poco, ir hacia el "servicio" religioso, que al menos para mí, como persona cero religiosa, era siempre un rato muy especial, lleno de energía, de buen rollo, de estar conectado con uno mismo y con un ritual que se hacía igual en el mismo sitio, con los mismos muebles y la misma decoración, desde muchos siglos atrás. Por suerte no había wifi ni nada, y la desconexión nos permitía disfrutar más del tiempo y pasar más horas conectados con otra dimensión que no eran las redes sociales, los correos electrónicos o los mensajes telefónicos, sino con la fe de aquellos religiosos y los peregrinos, la espiritualidad extrema, la nula presencia de ningún tipo o estilo de vida habitual a nuestra sociedad, y una autenticidad mágica y muy difícil de explicar. Una vez terminada la ceremonia, salían primero todos los monjes, seguidos de todos los peregrinos entre los que nos encontrábamos, y pasábamos a un gran salón que siempre estaba delante de la puerta de la iglesia, dónde ya estaban preparadas las mesas con la comida.

Para mí la hora de comer era el momento más brutal del día, pues uno se daba cuenta que realmente no era un turista o un espectador de un monumento determinado, sino que era protagonista de una experiencia real,  que vivía aquel lugar, y lo usaba haciendo lo mismo que sus habitantes, para lo que había estado originalmente pensado. Una gran sala con las paredes llenas de frescos policromados al estilo ortodoxo más recargado, con unas grandes mesas de piedra, madera o mármol según cada monasterio, dónde nos sentábamos en grupos de 8 a 10 personas.  Los monjes estaban más al fondo, y los peregrinos en las mesas contiguas. Toda la comida, siempre vegetariana, ya estaba preparada al llegar, y constaba siempre de un plato principal (arroz, garbanzos, acelgas...) y un acompañamiento (berenjenas fritas, patatas, puré...), con una pieza de fruta de postres, acompañado con agua y vino para beber. Teníamos que comer en silencio absoluto, pues siempre había un monje en el centro que se pasaba toda la comida leyendo escrituras. La verdad es que no podías relajarte  mucho si realmente tenías hambre y querías terminarlo todo, pues todo iba muy rápido y en seguida se volvían a poner de pie para dar las gracias por los alimentos recibidos y volver pitando a la iglesia a rezar de nuevo.

Una cosa que sorprende mucho al principio, es la prohibición total del acceso de mujeres a la Península. Desde hace mil años, con los primeros monasterios en Athos, se consideró que la ausencia de mujeres era la mejor medida para asegurar el cumplimiento del voto de castidad. Solo hay documentadas tres infracciones de esta regla (unas refugiadas de la guerra civil, y dos mujeres disfrazadas de hombre), y hace pocas décadas se reguló el tema de forma más estricta con una posible pena de hasta 12 meses de cárcel en caso de incumplimiento. Incluso está prohibido que haya mujeres en el mar, a menos de 500 metros de la costa. Pero la cosa no se para aquí, pues tampoco puede haber hembras de ninguna otra especie animal, para evitar tentaciones para aquellos señores con las escenas de apareamiento. Al principio a uno se le hacer raro estar rodeado sólo de hombres, pero enseguida te adaptas a su normalidad, siempre que no intentes entrar en debates éticos sobre si es o no normal que en pleno siglo XXI y en plena Unión Europea, la mitad de la población tenga vetado el acceso a un territorio. Lo que está claro es que esto forma parte de la personalidad y la autenticidad de este lugar, y que uno lo tiene que aceptar así, aunque sea para evitar llevarse ideologías, prejuicios o valores propios a un lugar dónde la mejor manera de disfrutarlo y dejarse impactar, es estar lo más abierto y vacío de mente posible.

En Athos funcionan como una verdadera "Región Monástica Autónoma", y no deja de ser un mérito que estos monjes hayan sido capaces de negociar y hacer respetar su estatus con el imperio bizantino y otomano, los zares de Rusia, los príncipes serbios, los nazis, el estado griego, la Unión Europea e, incluso, el tratado del espacio Schengen. La jurisdicción espiritual recae dentro del Patriarca Ecuménico de Constantinopla, pero van bastante por libre, y más de una vez se han enfrentado o han estado muy tensionados entre ellos.  Se gobiernan mediante la "Comunidad Sagrada (Iera Koinotita), formada por 20 monjes representantes de los 20 monasterios, que a la vez son de diferentes nacionalidades: griegos, rusos, búlgaros, rumanos, serbios y georgianos.

En la Península hay 20 monasterios principales, pero también hay muchísimas otras construcciones entre iglesias o residencias separadas, que constituyen otras comunidades de monjes denominadas Sketae.  Karyes, situada en el centro de la península, a los pies del monte Athos, actúa cómo capital administrativa, con multitud de edificios dispersos, y es dónde reside el gobernador que representa al estado griego.

Transitar por este territorio corriendo da el máximo sentido a nuestro deporte, pues uno tiene la oportunidad de recorrer mucha distancia en un día, disfrutando de un entorno precioso, con montañas y bosques que llegan a unas playas paradisíacas en pleno mar mediterráneo (sin habitantes, sin casas, sin turismo), mientras uno va tropezando con estos monasterios majestuosos y llenos de vida espiritual, que dejan impactada a cualquier persona mínimamente sensible. Es muy difícil encontrar tantas construcciones antiguas de esta belleza, en este estado de conservación, que estén actualmente en pleno funcionamiento por el mismo motivo para el que fueron concebidas muchos siglos atrás.

Por cierto, y para dejarlo claro... también corrimos, ¡eh! Que este era el motivo inicial del proyecto, ¿os acordáis?  Hicimos 4 etapas con un total de 105 Km y 5.000 metros de desnivel positivo:

- Etapa 1: 20Km, 4h30' y 1.100m. La primera cosa de la mañana es ir a la oficina de la comunidad en Ouranoupoli, para recoger el permiso o visado (diamonitrion) para entrar en Athos. Después un viaje de 40 minutos en un pequeño barco, para desembarcar el pequeño puerto del monasterio de Xenofontis. De allí empezamos hacia el noroeste hasta el monasterio de Aranás por la costa, luego cruzamos la península por el centro, encontrando el súper monasterio de Zografou, llegando de nuevo a la costa norte y visitando el monasterio de Vatopediou, y empezando a bajar la costa hacia el sureste para dormir en el monasterio Pantokratoros.  90% por pequeños senderos y 10% pista.

- Etapa 2: 30Km, 6h30 y 900m+. Salimos de Pantokratoros a las 7h y hacemos uno de los tramos más bonitos de la travesía, todo por sendero al lado del mar, hasta el fabuloso monasterio de Stavronikita, que con las primeras luces del día nos ofrecía una imagen tremendamente cálida e inspiradora. Luego el resto de la etapa fue de pista, pasando por el monasterio de Iviron y llegando a dormir al de Magistis Lavras.

- Etapa 3: 35Km, 8h30 y 2.200m+. Sin duda, la etapa reina.  100% por senderos complicados, preciosos y con mucho desnivel. Subimos al Mt.Athos, la montaña sagrada, que está a 2.050 metros, y sale en picado desde el nivel del mar. Allí encontramos algunos monjes y peregrinos que iban o venían de la cumbre, y alucinaban al vernos avanzar a un ritmo muy deportivo subiendo, y corriendo en la bajada... cuando por la noche contábamos al "Pater" del monasterio el recorrido que habíamos hecho, ni se lo creía; pensaban que éramos corredores profesionales (gran regalo para nuestro ego), pues allí ven poquísimos frikis cómo nosotros haciendo ese tipo de actividad. Al bajar de la montaña aparecimos en el monasterio de Santa Ana, colgado en un tramo de costa escarpado y de una belleza sublime. Parecía que nos hubiésemos colado en una película medieval, y nos creíamos protagonistas de El Nombre de la Rosa; unos auténticos peregrinos en otro tiempo de la historia, aunque con equipamiento y tecnología de running del siglo XXI. Continuamos por unos senderos muy duros dibujados entre los acantilados, que no paraban de subir y bajar con violencia, pero que nos regalaban unas vistas inolvidables de un litoral totalmente virgen, solamente interrumpido por algunos enormes y preciosos monasterios/castillos. Todavía encontramos dos más (Nea Skiti y Angiou Pavlov) antes de llegar a dormir a Angiou Dionysiou. 

- Etapa 4: 20Km, 3h y 800m+. Salimos a las 5h30 de la mañana porque necesitábamos estar en el puerto de Dafni a las 9h como máximo para poder coger el barco de regreso a ouranoupoli y no perder el avión de regreso. Era más difícil de lo que pensábamos y tuvimos que estresarnos un poco para no llegar tarde. Por el camino encontramos el monasterio Osiuu Grigoriou, y todavía tuvimos tiempo de visitar el que es posiblemente el monasterio más espectacular de Athos, y que podéis ver en la mayoría de fotos en cualquier búsqueda por internet: Simonos Petras.

No salieron etapas extremadamente duras, pero que nadie se lleve a engaño; pues el terreno era un auténtico rompe piernas, con caminos duros por los cambios constantes de desnivel y por el terreno complicado en muchos tramos. No fue una travesía extrema a nivel físico, pero nada fácil, a la vez que, cómo pretendíamos, poco estresante, porque queríamos tener tiempo de visitar y disfrutar de todas las joyas que iríamos encontrando por la ruta. Al fin y al cabo, si nos entra el gusanillo de pelearnos con el cronómetro, cada semana tenemos un montón de carreras al lado de casa para poder dar rienda suelta a la adrenalina.

Quizás debería haber explicado más la parte deportiva, pero ante una singularidad así, la parte de correr me ha parecido la menos importante, y realmente, cómo decía al principio de esta crónica, sólo ha sido una forma de desplazarnos que nos encanta, que nos ha requerido esfuerzo y que nos ha hecho disfrutar mucho. Pero correr lo podemos hacer en cualquier lado, en cambio correr por el monte Athos, llega a ser una actividad casi sagrada si miramos los 360º de esta travesía.

 

PARA QUIEN TENGA GANAS DE LEER MÁS (REFLEXIÓN TEMA RELIGIOSO):

Por respeto a los valores, los símbolos y el compromiso que representa la vida monástica en la comunidad de la península de Athos que hemos visitado, sentía la necesidad de añadir un comentario muy personal sobre el hecho religioso que allí se vive a todas horas y en todos los lugares; porque no quiero que mi paso por un lugar tan importante quede sólo en la superficialidad de alguien que visita y consume un lugar concreto para contar luego en su blog y en las redes sociales una aventurilla más con unas cuantas fotos muy bonitas.

Hay miles de millones de personas en nuestro planeta que viven el hecho religioso cómo algo muy importante en sus vidas, y hay decenas de miles de personas que dedican a la religión toda su vida. Los monjes de Athos son un buen ejemplo de ello, y les quiero mostrar todo mi respeto y admiración, por tener el coraje de dedicar la vida a aquello que realmente creen. Pues en el mundo también hay miles de millones de personas que no creen ni en nada superior, ni en ningún propósito realmente importante para sus vidas; o que quizás sí creen en algo (religioso o no), que desearían experimentar y sentir intensamente, pero nunca han tenido el mínimo coraje necesario para luchar por ello; y se dedican a ir pasando la vida como un puro trámite con sensaciones más o menos placenteras, sin buscarle un sentido más profundo y trascendente a la vida.

Podría parecer que esta crónica o este anexo está escrito por alguien muy religioso, pero nada más lejos de la realidad, pues aunque no me gusta definirme así, estoy más cerca de ser alguien totalmente ateo que de un agnóstico o creyente en cualquier religión. Luego alguien se podría pensar cómo es que una persona sin creencias religiosas puede disfrutar y apreciar tanto la belleza, los ritos y la energía de un lugar tan especial y sagrado para los ortodoxos. Mi respuesta es simple: aparte de mi pasión por la naturaleza, me entusiasman las experiencias humanas auténticas que, con gran dificultad y sólo de vez en cuando, uno llega a encontrar dando vueltas por el mundo.  Además, me considero una persona muy espiritual, y con ello entiendo la necesidad de conectar con algo superior a uno mismo que te lleve más allá de tu ego y te conecte con los otros; y ello se puede encontrar en la naturaleza, en la meditación, en la religión, en el voluntariado o en cualquier otro formato que sea válido para cada persona.

La espiritualidad no la entiendo como religión, sino como búsqueda interior para conectar más allá de uno mismo y conseguir un crecimiento personal en comunión con un propósito enlazado con los demás o con la naturaleza. He conocido gente muy religiosa y nada espiritual, y gente muy espiritual y nada religiosa; son dos conceptos que pueden o no ir juntos.

Por suerte he viajado mucho y he tenido la fortuna de observar y experimentar muchos ritos de diferentes religiones: budistas, hinduistas, católicas, protestantes, ortodoxas, islamistas, judías, zoroastrianas, chamánicas o diferentes ritos animistas de tribus muy aisladas. Gracias a ello, y a pesar de que sólo es mi personal opinión, cada vez he aprendido a respetar más a los creyentes, siempre que no intenten forzar, hacerse creer culpables o imponer nada a los que no piensan como ellos, simplemente porqué se creen en posesión de religión verdadera. Y he llegado a la clara conclusión de que todas las religiones, al fin, se basan en cuestiones sociales, culturales, emotivas y psicológicas. Bajo mi punto de vista, la fe no tiene demasiado que ver con la figura de un creador todopoderoso, sino que responde más a un aprendizaje cultural transmitido en una sociedad, comunidad o familia concreta. No he encontrado nunca a nadie de una zona aislada de una determinada religión y que no haya tenido contacto con otra religión, que sea de esta segunda religión. Nadie nace católico, ortodoxo, islámico o budista; sino que se hace católico, ortodoxo, islámico o budista según el contacto y la inmersión cultural que experimenta en su vida. Si naces en la India lo más probable es que seas hindú, y si naces en España y te va la religión casi seguro que serás cristiano, o muy posiblemente serás islámico si naces en Qatar; y ahora con la globalización, uno puede convertirse a otra religión porque hay posibilidad de tener información y hacer inmersiones en otras maneras de pensar y creer; pero nunca es algo que viene por sí solo, sino que viene por contacto con una cultura y estructura creada por y para los humanos.

En este texto, no opino sobre la existencia o no de Dios, pues ello requeriría mucho más espacio, por razones obvias; sino que me limito a aportar una opinión personal y, lógicamente, subjetiva de mi visión del hecho religioso a partir de mi propia experiencia viajando por el mundo, y aprovechando esta inmersión corta pero intensa e inspiradora en la vida monástica de Athos. Las religiones responden a una de las partes más complejas y sofisticadas de la estructuración de las relaciones humanas, y por ello mismo son tan apasionantes y, a la vez, tan potencialmente útiles o conflictivas. Reitero mi respeto para todo tipo de religión que sea sincera, auténtica y no intente imponer nada forzado a los demás; y también reitero mi interés en ir viajando y conociendo lo más interesante de las sociedades humanas, que cuando doy vueltas por el mundo, os juro que no es para mí la tienda de moda de una determinada ciudad, o un parque de atracciones artificial. Al final, lo más interesante del mundo está en la propia naturaleza, y en lo más profundo de las relaciones humanas... y allí al ladito, casi siempre hay algún rito religioso especial que vale la pena observar o experimentar con todos los sentidos bien abiertos.

Perdonad el rollo, pero los que hayáis llegado hasta aquí, pensad que habéis tardado muchísimo menos tiempo que lo que dedican los monjes y peregrinos ortodoxos de Athos a realizar cualquiera de sus "servicios" religiosos diarios. Quizás al final todo se reduce a esto... ¿Qué importancia damos al tiempo? ¿A qué queremos dedicar nuestro tiempo? ¿A qué queremos dedicar el tiempo de vida que tenemos? ¿No será eso lo verdaderamente sagrado?

LLegando al Monasterio de Iviron
Monasterio de Stavronikita
Subiendo el Mt.Athos
Bajando corriendo del Mt.Athos
Monesterio de PantoKratoros
Rezando en el Mt.Athos
Monasterio de Iviron
Comedor de Pantokratoros
LLegando al Monesterio de Simonis Petras
Vista de Simonis Petras
Arreglando el mundo en Pantokratoros
Monje en el Monesterio de Vatopediu
Monje trabajando en el monasterio de Zografou
Habitación en el monasterio de Magistis Lavras
Comentarios
Rafael Galán
29 noviembre 2016
10:54 H
Hola amic, he disfrutat molt de la teva crònica de l'aventura, primera part, però on realment he connectat es en la teva reflexió sobre el fet religiós, segona part, la maduresa de apreciar mes enllà del que veiem i consumim es el que de veritat fa bones les teves cròniques. En aquest mes de 20 anys d'evolució compartida hem vist passar el món per davant nostre d'un altra forma, fen-lo mes humà i estimant a la natura com el que es un fet natural que transforma les nostres vides. Força i endavant que tot això ni de lluny s'ha acabat.
Pablo
23 noviembre 2016
12:25 H
Albert, qué buenas sensaciones transmites con todo lo que cuentas. Gracias además por dar TU opinión personal sobre las cosas; se agradece. Se nota que exprimes las experiencias al máximo y eso es buenísimo. Muchas felicidades!
Pablo
23 noviembre 2016
12:25 H
Albert, qué buenas sensaciones transmites con todo lo que cuentas. Gracias además por dar TU opinión personal sobre las cosas; se agradece. Se nota que exprimes las experiencias al máximo y eso es buenísimo. Muchas felicidades!
Françoise
22 noviembre 2016
19:15 H
muchas gracias por compartir esta extraordinaria aventura.
JOSI
21 noviembre 2016
22:19 H
Creo que el valor de la autenticidad es el pilar de los valores del SXXI de los que tu Albert eres un ejemplo.
Ha de ser muy emocionante estar compartiendo con los monjes de Athos. Una energía potente
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