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ICE ULTRA (Laponia Sueca) Febrero 2014 (Foto: Martin Paldan)
ICE ULTRA: LA CARRERA Y LOS APRENDIZAJES
22 febrero 2014

El miércoles a las doce y cuarto de la madrugada llegaba a la meta de Jokkmokk (Laponia Sueca), después de más de 16 horas de etapa, culminando la carrera extrema ICE ULTRA BEYOND ULTIMATE, de 230Km. (215 al final) en 4 etapas.

En aquellos momentos uno tiene el cuerpo triturado, pero se siente más fuerte que Superman, y acumula tanta felicidad y emociones que tarda menos de un minuto en olvidar el sufrimiento y los malos momentos acumulados durante las cuatro jornadas. Parece que llegar al final lo justifique todo, al poder celebrar que ya tienes otra en el bote; pero para mí, y cada vez más, a pesar de que me gusta mucho alcanzar el objetivo final, lo más importante es haber disfrutado, aprendido y vivido intensamente durante todo el recorrido.

El jueves día 13 aterrizaba en Lulea, el aeropuerto situado más al norte de Suecia, quedando anonadado por el hecho de que todo estuviese absolutamente cubierto de nieve: el mismo aeropuerto, las calles y carreteras, los lagos, los bosques... estábamos en Laponia.

El viernes 14 nos encontrábamos con todo el grupo de corredores y staff de la organización en el aeropuerto para ser trasladados en autocar hasta Jokkmokk, unos 200Km. más al norte, y ya en las puertas del Parque Nacional de Sarek, dónde se desarrollaría toda la carrera.

El sábado 15 por la mañana empezábamos con un briefing de la organización, la revisión médica de material obligatorio, y nos preparábamos para tomar la salida definitivamente.

A las 12h empezábamos la carrera, como siempre, llenos de ilusión, ganas y nervios por todo lo que nos pasaría durante las próximas cuatro etapas. Tenemos los primeros 46Km. en frente, y empezamos todos corriendo a ritmo suave, pero a los pocos quilómetros ya descubrimos una nieve demasiado blanda para poder ir con las zapatillas deportivas, y nos vemos obligados a calzarnos las raquetas, que ya no dejaremos hasta el final.

Este día es magnífico por todas las emociones nuevas que recibimos, pero también nos dispara diversos puñetazos en la cara porqué la Laponia nos muestra lo dura que será esta prueba. Los quilómetros tardan y cuestan mucho de pasar, el suelo es mucho más blando de lo que creíamos, la exigencia física y energética es brutal, la noche llega pronto, y vamos viendo que las reservas de fuerza mental serán claves para poder superar cada una de las jornadas.

Yo había utilizado raquetas en múltiples ocasiones, pero sólo para ratos concretos o para aproximaciones, y nunca para hacer recorridos tan largos y exigentes.  A pesar de ello, y aun notando que voy muy forzado tanto por el tipo de pisada como por el sistema de sujeción del modelo escogido (¡Gran cagada!), me encuentro tan bien físicamente que siempre estoy entre el cuarto y el séptimo de la etapa.  Desde el principio se destaca brutalmente el británico Ed Catmur, que acaba sacándole una hora en la etapa al segundo clasificado, el español y mi compañero de equipo Xavi Marina. Estos dos ya no dejarán estas posiciones hasta el final de la prueba.  Finalmente, y sufriendo mucho más de lo que hubiese pensado nunca para realizar los 46 quilómetros, acabo la etapa en 8 horas, entrando el quinto... o sea, imaginaros la paliza que supuso para los que venían mucho más atrás.

Los sami (de tribu Sami, cuidadores de renos y del bosque de Laponia) que nos acompañaban nos decían que habíamos cogido una semana con un tiempo fantástico, pues siempre estábamos entre -5 y -15ºC, cuando preveíamos entre -10 y -30ºC; y esto hacía muy agradable la temperatura, pero por contra, la nieve estaba más blanda y no paraba de nevar.

El domingo 16 teníamos que empezar a las 8h, pero una intensa nevada trastoca todos los planes de la organización y se ven obligados a modificar la ruta por ser demasiado peligrosa en un paso de montañas que tenían previsto inicialmente.  Tomamos la salida a las 12h45 cuando consiguen hacer el puzzle de la nueva ruta, y esto hace que, a pesar de recortar 12Km. de los 50 previstos, la noche vuelva a ser nuestra compañera durante la mayoría de horas de la jornada.  Ya tomamos la salida directamente con las raquetas, y sólo nos las podemos sacar en los últimos 8Km., que transcurren por una carretera solitaria y helada, que nos permite disfrutar un poco de lo que sabemos hacer: ¡correr con bambas!

Al ser la segunda etapa, saber de qué palo iba el tema, y tener 8Km. menos que la primera, no la encuentro tan dura y me lo paso realmente bien.  Recuerdo con mucha ilusión cada paso en medio de los bosques repletos de árboles cubiertos de nieve, cada cruce de los muchos lagos helados que encontrábamos por el camino, cada encuentro con los controles de la organización, cada conversación o saludo con alguno de los participantes, etc... Un día genial, con un sufrimiento moderado, y dónde uno se siente sobradamente preparado para poder afrontar el resto de la carrera.  Al final, casi 7 horas, entrando a meta nuevamente el 5º, conjuntamente con Ignacio Prat, que sería finalmente el 3º de la prueba.

El lunes 17 empezó muy bien, pero se fue torciendo el tema hasta convertirse en un calvario extremo. Empezamos también con retraso, y dejando la etapa en 46Km. contra los 44 previstos; constatando de nuevo que organizar una prueba así en estas latitudes es una tarea realmente compleja y atrevida.  Aquí manda la incertidumbre y tanto la organización como los corredores deben estar preparados para irse adaptando constantemente a las circunstancias que se van presentando en cada momento.

Yo me encuentro tan bien físicamente que salgo disparado con el que ya creo que es mi grupillo natural, entre la 4ª y la 6ª posición.  Me noto fuerte, confiado y con muchas ganas de darle caña.  Incluso me coloco algún rato en 3ª posición.  Pero la euforia estaba a punto de terminarse porqué se ve que la Laponia me tenía alguna sorpresa preparada. Cruzando alguno de los muchos lagos helados del día, y pasando una zona dónde el hilo estaba mezclado con agua líquida, me despisto y me meto con los pies en el agua, quedando empapado. Este hecho me activa el dolor que debía llevar acumulado en los pies de tanto forzarlos con las raquetas de nieve, y me empiezan a salir de golpe unas ampollas inmensas en las plantas de los pies, que hacen que llegar al final de la etapa sea todo un suplicio.  Desde poco más de la mitad de la etapa, ya no puedo correr más y entro en meta el 8º, pero con tanto dolor en los pies que pienso que me será prácticamente imposible de repararlos y poder afrontar los 90Km. previstos para la última etapa. Ahora me queda mirar de recuperarlos al máximo, y me reviento las ampollas, estando toda la noche con los pies al aire para que se sequen al máximo.

Por la mañana del martes 18, le pido a uno de los médicos de la organización que me haga algún invento para poder correr, y se esfuerza al máximo en hacer un vendaje que me evite que la carne viva de las plantas de los pies se infecte o me haga un dolor tan insoportable que me obligue a parar.

A las 8h tomo la salida. Tengo 90Km. por delante, y en cada paso que hago veo las estrellas a pesar de ser de día y estar el cielo capotado. Tengo claro que el día se me hará largo, muy largo. Hasta el control 2 de los 10 que habrá en la etapa, situado a 18Km., lo paso tan mal, que realmente veo imposible poder llegar. De hecho, ya casi no le veo sentido a continuar, pues lo estoy pasando fatal, casi me mareo a ratos y, a diferencia de otras situaciones similares anteriores, ahora no encuentro la motivación necesaria para continuar luchando. Pienso seriamente en el abandono.  No quiero continuar sufriendo tanto, sólo para acabar una prueba que parece que ya no me aporta nada, y que al fin, sólo es una más de las muchas que he  hecho y que, espero, haré en los próximos años. En el control 2 me emplazo a llegar hasta el 3, tomarme allí una sopa Meritene bien calentita para recuperarme y, en todo caso, decidir luego si me retiro o no.

Con rabia, un gran dolor en los pies y casi sin energía, llego al control 3 (Km. 28), me tomo la sopa y, de golpe, descubro que tengo una motivación muy importante para intentar continuar: ¡entrenar!  Pero no me refiero aquí a entrenar físicamente, que esto lo puedo hacer de muchas otras formas, sino precisamente, a entrenar psicológicamente. Pues estas situaciones, cuando estás casi al límite, son las que realmente te curten, las que hacen que te conozcas bien a ti mismo, y las que te preparan para poder superar momentos apuradísimos en otras situaciones dónde te puedas estar jugando mucho más que acabar una carrera determinada. De esta forma, y con esta nueva motivación, decido continuar, apretando los dientes a tope para aguantar el dolor insoportable que ya ha sobrepasado las plantas de los pies para llegar a los tobillos (ya que piso tan mal que las fijaciones de las raquetas me provocan dolor en todas partes), y llego hasta el control 4, y luego el 5... y ya estoy a mitad de etapa.

Aquí entro en la mini tienda del control, me preparo un puré de patatas caliente que llevo en la mochila, y tomo una gran decisión: "Estoy hasta los cojones de las raquetas y no las pienso usar más". Desde el inicio de la prueba sólo he hecho 15 de los 175Km. sin raquetas, y estas me han provocado un dolor en los pies tan fuerte que ahora prefiero evitarlo aunque me hunda más en la nieve.  De esta forma coloco ya definitivamente las raquetas en la mochila, y salgo con muchas ganas, ya sí, convencido de poder acabar la etapa y la carrera sea como sea. Tengo la suerte de que al retomar la marcha, coincido con un danés, Allan Leed, con quien decidimos ir juntos el resto del camino,  marcando un ritmo intenso cada uno de forma alternante.

Los pies se me calientan, noto mucho menos dolor sin las raquetas, y avanzamos control a control un 20% más rápido de lo que había hecho en la primera mitad de la jornada. Y aunque parezca de locos decir esto, puedo afirmar que me lo empiezo a pasar de coña.  Disfruto tanto como en la segunda etapa en la que todo me fue bien. Vuelvo a apreciar, ahora de noche, y con más de 12 horas acumuladas en las piernas en el día, la belleza de cruzar aquella inmensidad de naturaleza pura y única, flotar en los lagos helados, fluir por los bosques inacabables siempre pintados de blanco, sentir el silencio, captar la autenticidad de una zona tan especial y poco conocida de nuestro viejo continente.  Estoy contento porqué he superado un momento crítico, porqué acabaré el reto, porqué lo estoy disfrutando, porqué habré aprendido un montón, porqué correr o caminar en total libertad y consciencia del propio cuerpo y del entorno es una sensación magnífica, porqué hacerlo en un lugar tan fantástico no tiene precio, porqué me siento muy vivo, porqué una vez más, constato que se ha de saber luchar en los malos momentos para poder alcanzar los mejores momentos de la vida.

A las 00h15 del miércoles 19 entro en la meta de la mano de Allan, y fundiéndome en un intenso abrazo con Wes, el director de carrera, y Louise, una de las asistentes del grupo de médicos que más me ha cuidado los pies y el ánimo durante la carrera.  Lo he conseguido.  A nivel deportivo no ha ido tan bien como esperaba después de la primera etapa, pues he bajado hasta el 10º puesto en la clasificación final, entre los 17 que consiguen completar la prueba, después de haber bastantes abandonos.  Pero creo que ha sido lo mejor que me podía pasar.  Yo venía sobre todo para empezar a preparar el que tiene que ser mi próximo gran proyecto, el Polo Norte (travesía integral del ártico desde Canadá), y que las cosas no me hayan ido bien habrá sido el mejor entreno posible. De esta ICE ULTRA, extraigo unos aprendizajes que seguro que me serán útiles para muchos proyectos de aventura o de cualquier ámbito en el futuro:

-      No hay reto pequeño. A pesar de que hayamos hecho cosas mucho más difíciles, cualquier proyecto puede complicarse y siempre hay que estar alerta.

-       Para poder superar los momentos críticos, necesitamos tener los "motivos" muy sólidos, pues sino nos costará encontrar la "motivación" necesaria.  Yo no había trabajado demasiado bien este aspecto porque era un proyecto teóricamente menor para mí, y casi abandono por este motivo.

-      Hay que tener bien trabajado todo lo que depende de ti. Luego las circunstancias pueden complicarse mucho pero parte de nuestra confianza vendrá de que sabemos que hemos hecho bien los deberes. Yo aquí no había entrenado bien el tema de las raquetas y no había escogido bien el modelo, pensando que sería un tema menor... o sea, no había hecho bien los deberes.

-       No somos los mismos en cada proyecto. Siempre tenemos una base propia que es estable, pero hay muchos aspectos, sobre todo los relacionados con la parte psicológica, que varía mucho en nosotros mismos en el tiempo. En cada reto y en cada nueva circunstancia, varían nuestros miedos, nuestras motivaciones, nuestros problemas, nuestra energía interior, nuestro compromiso, etc.  Seamos siempre conscientes de ello y trabajémoslo.

-       Sepamos pedir ayuda. A veces nos lo queremos solucionar todo solos, y hemos de saber contar con los demás en algunos momentos complejos. Para mí fue providencial poder contar con la compañía de Allan durante la segunda parte de la última etapa.

-       Si una cosa no funciona, no nos resignemos y probemos cosas diferentes. ¿Por qué tardé tanto en enviar las raquetas a tomar por saco? Me hacían un daño insoportable y todo me cambió cuando probé de ir sin ellas.  A veces asumimos situaciones muy negativas como normales y no intentamos hacer ningún cambio al respecto.

-       Amemos siempre nuestro entorno con compromiso (no sólo para disfrutar). Era una lección de vida ver como los Sami que nos acompañaban estaban orgullosos de sus bosques, de sus renos, y de poder vivir de ellos y para ellos; estando en total comunión con la naturaleza, sin renunciar a muchas de las comodidades y facilidades del mundo moderno, pero siempre en equilibrio y respetando tanto su modo de vida y tradiciones, como el entorno natural en el que vivían. Ah... y un dato: Todos los miembros de la tribu Sami viven el 90% de su tiempo en el bosque, allí en el culo del mundo, pero hablan un inglés impecable (¡aprendamos también de  ello!)

Me imagino que muy poquitos habréis llegado hasta aquí, tragándoos todo este rollo. Lo siento si me he alargado demasiado, pero es que todavía podría escribir como 20 páginas más. Tengo el problema de que pienso que todo lo que hacemos, absolutamente todo, y sobre todo si son cosas un poco más intensas, nos pueden aportar tantas reflexiones, que la parte deportiva o puramente ejecutiva es la menos importante, y no pararía de escribir para compartirlo con todos vosotros. Pero corto aquí, y os puedo asegurar, que dentro todavía tengo muchísimas más reflexiones que, no por egoísmo, sino por no ser pesado, ya me quedo sólo para mí, y para poderlas ir acumulando a la espera de utilizarlas más adelante en algún libro, conferencia o, sobre todo, en la gestión extrema de alguna aventura.

Gracias a los que leáis este texto.

Gracias a Beyond Ultimate por organizar un evento tan auténtico y especial.

Gracias a los médicos, el staff y los sami por todo el trabajo realizado.

Gracias a la vida por regalarme estos momentos.

ICE ULTRA - Salida etapa 2 (Foto Martin Paldan)
ICE ULTRA - Salida de etapa (Foto: Martin Paldan)
ICE ULTRA - Final de carrera (Foto: Martin Paldan)
ICE ULTRA - Inicio etapa 3 (Foto: Martin Paldan)
ICE ULTRA - Corriendo un poquito de verdad (Foto: Martin Paldan)
ICE ULTRA - Vista general de la carrera (Foto: Martin Paldan)
ICE ULTRA - De noche en un control (Foto: Martin Paldan)
ICE ULTRA - Una carrera magica (Foto: Martin Paldan)
ICE ULTRA - Paso a paso (Foto: Martin Paldan)
ICE ULTRA - Jokkmokk, nuesto objetivo (Foto: Martin Paldan)
ICE ULTRA - Pureza (Foto: Martin Paldan)
ICE ULTRA - Laponia, pura naturaleza (Foto: Martin Paldan)
Comentarios
Michele
03 marzo 2014
13:25 H
Nice reading, especially the "Lessons learned" section. It is indeed always fantastic to see how people, no matter if individuals, teams or whole organizations, can grow, improve and innovate through adventure-based experience.
Víctor
01 marzo 2014
22:34 H
Felicitats Albert! Per acabar la cursa, amb els peus fets calderilla i, sobretot, canviar el xip mental per superar aquest "petit-gran" projecte! Sempre ens fas gaudir a tots explicant les teves aventures!
Mònica S.
01 marzo 2014
22:02 H
2013.
Vinnie Colaiuta, one of the best drummers in the world, actually dropped a snare beat during a gig in Chile, put another way: he made a mistake!

2014.
Albert Bosch, one of the best adventurers in the world, had problems with his showshoes during a race in Lapland, surprisingly: he made a mistake!

These two facts come as often, if not less frequently than a solar eclipse. We are all glad we could witness them, proving that super-heroes are also human! ;-)
Cleo
26 febrero 2014
16:14 H
impresionante, felicidades!
gracias por tu tiempo en describir todo esto de una forma tan amena y didáctica. A falta de las 20 páginas extras espero verte en alguna conferencia o entrenando para saber más de toda esta aventura.
Te deseo lo mejor.
toti
26 febrero 2014
14:30 H
uauuu Albert bonissim!! tot el que expliques es font d´inspiracio per aquells que et seguim, gracies per compartir els teus aprenentages i ensenyar-nos a com podem millorar i enfrontar-nos als reptes personals. Una lliçó per tots aquells que estimem la vida i volem seguir creixent!!!! Enhorabona i felicitats!!!!
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